Home » Bebés » El reflujo de los bebés

Hay muchos mitos y realidades sobre el reflujo. Se da mucho en bebés y también en adultos y, aunque ahora se llama así, ha existido desde siempre porque se trata de un proceso absolutamente natural del organismo. Las mamás de antes contaban con efectivos remedios para aliviar sus molestias y, de acuerdo con expertos, lo mejor es recuperar estos tratamientos.

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El reflujo es muy natural en los bebés cuando su alimentación se compone sólo de líquidos y sobretodo, de leche materna natural. Existe la creencia de que el bebé que más reflujo tiene es aquel que crece más y es cierto, porque el bebé que toma más leche es aquél que tiende a engordar más rápido. Lo mejor en estos casos es tratar de no dar medicamentos al bebé, salvo en los casos en los que el pediatra lo indique y se necesite realizar más estudios.

A las mamás primerizas puede causarles mucha preocupación ver que en ocasiones la cantidad de reflujo en los bebés es profusa, pero esto no tiene por qué ser motivo de alarma. Existe un tratamiento que se administra a los bebés, una especie de leche para determinar si el bebé tiene reflujo o gastritis. Se trata de un medicamento que es utilizado por los pediatras para ver el funcionamiento del sistema digestivo del bebé.

Sin embargo, si el bebé no está subiendo de peso adecuadamente, se enferma frecuentemente de las vías respiratorias, siente mucha irritabilidad, no quiere tomar leche y su tez toma una tonalidad morada, puede ser muy preocupante. En esos casos sí puede estar indicando la presencia de una enfermedad grave, es preciso llevarlo de inmediato al pediatra y nunca, bajo ninguna circunstancia, recurrir a suministrar medicamentos sin prescripción médica.

Después de la 6ta semana y a los 3 meses de edad, los bebés vomitan más frecuentemente, y aquí se debe poner especial atención porque el niño corre el riesgo de deshidratarse y entonces se presenta la llamada hipertrofía del píloro, que sucede porque crece la salida del estómago y se obstruye la salida del píloro y puede ser tan grave como para necesitar de una intervención quirúrgica. En este periodo lo más recomendable es consultar al médico antes de asumir cualquier sospecha.

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