Home » Educación » La importancia de saber poner límites a nuestros hijos

En las últimas décadas, uno de los grandes dilemas en la crianza de los hijos es la oscilación existente entre el autoritarismo y la permisividad absoluta. La falta de límites es muy notoria en muchos hogares y, esto se debe, en parte a esa creencia que se tiene de que poner límites equivalea frustrar a los chicos. No hay que hacerlos esperar, o dejarlos enojar o permitir que sufran. En la actualidad, ya nos dimos cuenta de que ese paradigma los debilitaba en lugar de hacerlos fuertes. Ahora, como sociedad, se trata de buscar un modelo más equilibrado, un intermedio.

Durante los primeros 5 años cuidamos y acompañamos mucho a nuestros hijos, les enseñamos muchas cosas que a los 6 años se van consolidando en ellos. Es así como empezamos a verlos más independientes en muchos aspectos: se bañan, se visten y comen solos, se entretienen con hermanos, primos o amigos, se duermen también solos, ya no nos requieren tanto todo el tiempo ni tan físicamente. Empiezan a pasar más tiempo afuera de casa: en el colegio, haciendo deportes en el club, jugando en la vereda, en casa de amigos. Dejan de necesitar ese seguimiento permanente de los primeros años. Habiendo fortalecido la confianza en sí mismos y, habiendo consolidado la confianza en el vínculo con sus padres, es una etapa de enorme aprendizaje en todas las áreas: intelectual, emocional, social, motriz y deportiva. Todas sus energías están puestas en aprender, jugar, tener amigos.

Lo que hoy sucede con el tema de los límites es que pasamos de un modelo autoritarito y arbitrario con límites excesivos a tener otro bien opuesto: el permisivo, sin límites, sin control. Hoy se busca un modelo nuevo, que tome lo mejor de cada uno de los anteriores.

la importancia de poner limites a nuestros hijos

Sabiendo como adultos que somos que, todo llega a su debido tiempo y en su debida forma, no existe ninguna necesidad de apurar el crecimiento de los niños. Esa etapa de infancia en la que se saben cuidados por sus padres, es muy valiosa para aprender, jugar, pasarla bien, practicar habilidades, con tranquilidad. Muchos chicos dejan de serlo porque, por desgracia, se encuentran obligados por cuestiones socioeconómicas: tienen que ayudar a sus padres y ocuparse de su supervivencia (y hasta la de sus hermanos menores) mucho antes de encontrarse preparados para ello. Esto no debería ocurrir pero es una realidad inevitable sobre la cual hay que trabajar desde el Estado mismo para reducir esta problemática.

La pubertad física se ha ido adelantando pero no tanto como se cree. así como antes una mujer no era madre a los 40 años, hoy es común encontrar madres primerizas a esa edad. Existe la denominada maternidad tardía pero, a pesar de los avances tecnológicos, la naturaleza no puede modificarse. Una mujer de 40 posee óvulos de mucha menor calidad que una de 30 y, esto es inevitable. De la misma manera, existen chicos que, con 13 años ya se consideran adolescentes , pero en realidad son niños a quienes les han faltado límites, no tienen clara la autoridad de los adultos y se portan como si fueran más chiquitos con berrinches, malos modos y peores respuestas y, no como adolescentes, aunque sus padres prefieran creer que es una adolescencia adelantada.

Lo que hace falta principalmente en los tiempos que corren es tomar conciencia de que la sociedad como tal ha dejado de educar a los chicos, cosa que sí sucedía en las generaciones anteriores en la que muchos adultos eran referentes, ponían límites, educaban, guiaban. Padres, abuelos, tíos y otros familiares, personal docente y no docente de los colegios, y otros establecimientos, incluso los vecinos, todos cumplían un rol social en la formación de los niños. Hoy hasta nos enojamos con las maestras cuando se atreven a hacerlo, sin darnos cuenta de que nos quedamos muy solos con una tarea complicada, difícil y compleja.

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