Home » Maternidad » El no querer ser mamá

La maternidad siempre ha sido asumida como un tema biológico natural, pero cada vez más expertos opinan que el famoso “instinto maternal” tiene que ver con lo cultural y esa es la respuesta a por qué cada vez más gente opta por no tener hijos. En la sociedad de hoy prima el concepto de que las mujeres pueden tenerlo todo, lo que incluye carrera, pareja y niños. Pero eso ha dejado exhaustas a las mujeres y las jóvenes están cuestionando ese concepto.Para muchas, tener hijos no es la satisfacción máxima. En lugar de desear una carrera y una familia, están comenzando a optar por una o por otra.  Esto ha llevado a la comprensión de que algunas mujeres son más felices sin hijos.

Por la profesión o el trabajo, por no querer involucrarse con un hombre de por vida, por no desear contraer una responsabilidad semejante para siempre y no atreverse a criar solas a un hijo si no tienen pareja estable, éstas son algunas de las razones conscientes que determinan la idea de no querer tener hijos. Pero también están las razones inconscientes : un rechazo de la función materna por una relación negativa con su propia madre, no estar identificadas al rol materno, rechazar al hombre en función paterna (derivado de una mala relación con el propio padre) y el miedo a no estar a la altura de la responsabilidad.

no querer ser mamá

Muchas veces, el no ser madre es una decisión que se vive con culpa, pero no siempre es así. Cuando se trata de decisiones relativamente conscientes se spone que no acarrean culpa. La culpa sobreviene si se ha traicionado algún deseo genuino. Es decir, si los motivos para resignar la maternidad expresan sólo una parte de la conflictiva femenina, aunque ella misma se convenza de su decisión, se siente culpable. Y, como casi nadie escapa al conflicto, es raro que no aparezcan la culpa o el arrepentimiento, tarde o temprano. Pero, no se vive con culpa. Cualquier decisión que se toma con conciencia de lo que se está decidiendo es sin culpa. De todas maneras, en la actualidad, la sociedad todavía enjuicia a quienes toman esta decisión, con lo cual una debería estar muy firme al tomarla ya que el sentimiento de culpa puede ser generado a partir del “qué dirán”.

Logros empresariales, profesionales, artísticos, creativos, comunitarios, políticos, religiosos, son algunas de las satisfacciones de las que gozan aquellas mujeres cuyo deseo de ser madres no figura en su agenda de planes. Reducir el mundo de la mujer (o el fin o meta de una mujer) sólo a la maternidad como posibilidad de logro o satisfacción sería tener una mirada muy recortada. Todas las mujeres tenemos logros y satisfacciones en nuestras vidas que no necesariamente tienen que ver con la maternidad. Somos profesionales, tías, amigas, hijas, sobrinas, hermanas. Desde lo laboral, uno puede tener mucha satisfacción por el lugar al que llega con relación a lo que decidió ser. Y desde lo afectivo, la mujer tiene otros espacios en los cuales desarrollar, profundizar y sentirse plena. Muchas veces, este tipo de decisiones choca contra una sociedad a la que en el siglo XXI todavía le cuesta aceptar que se rmujer no necesariamente es sinónimo de ser madre y que las posibilidades de alcanzar la felicidad no se centran solamente en la elección de tener hijos. Sin embargo, en muchas oportunidades, dentro del mismo seno familiar surgen cuestionamientos a este tipo de decisiones que pueden ocasionar roces y distanciamientos entre los seres queridos.

El amor y la intimidad van sufriendo transformaciones, según los cambios históricos, psicosociales y culturales. Es así que, en el siglo XXI, los intereses de las parejas se multiplican y conviven el paradigma tradicional (pareja – hogar – hijos) con el nuevo paradigma que predominantemente apunta a la realización personal, individual, acentuando el desarrollo profesional, comercial y económico. Tan importante es que se ha retrasado la edad para tener hijos, y cada vez es más frecuente que las parejas elijan no tenerlos. Este modelo de pareja tiene como característica principal la unión amorosa sin ningún tipo de formalidad ni objetivo que no sea acompañarse y compartir la vida. Por primera vez, la pareja no se construye en función de armar una familia.

Pero también existen la mujeres que desean ser madres aunque renuncian a ese objetivo para no perder la relación con sus parejas que no tienen pensando formar una familia. Suele suceder que resulte muy fuerte el rechazo masculino a tener hijos, vividos por el hombre como una complicación, como algo que podría limitarlos y que inconscientemente no pueden elaborar la presencia  de otra persona que les quite la exclusividad en la atención amorosa de la mujer. Y , así como hay mujeres que desisten por ese motivo de la relación, hay otras que lo aceptan como si fuera una “ofrenda de amor” que le hacen a su hombre. Esta situación se puede vivir con angustia porque está presente en su inconsciente esa imposibilidad y pugnará en algún instante por darse a conocer.

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