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¿Cuándo es conveniente anunciar el embarazo?

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La alegría del embarazo puede llevarnos a levantar el teléfono y contarle la buena nueva hasta al último conocido. Sin embargo, hay quienes posponen este momento por distintos motivos.

El primer trimestre es el más riesgoso en el embarazo y es el tiempo en el cual hay más probabilidades de sufrir un aborto espontáneo. Esta realidad hace que muchas parejas decidan posponer el anuncio hasta que se hayan cumplido dos o tres meses de gestación. Y, si bien es cierto que el poder de la decisión es de cada pareja y es siempre respetable, hay que tener en cuenta algunas cuestiones.

Comunicar el embarazo en el trabajo y a la familia

Es muy difícil ocultar un embarazo durante tres meses a la familia cercana, salvo que se viva en ciudades diferentes y el contacto sea muy escaso: los cambios físicos y emocionales de la mujer saltan a la vista, sobre todo para otras mujeres que han estado embarazadas. Con respecto a la posibilidad de pérdida del embarazo y la presunción de que al no decirlo el sufrimiento quedará circunscripto a la pareja, esto es muy relativo, ya que las emociones se notan y va a ser más difícil mentir y esforzarse por disimular que poder compartir el sufrimiento y recibir el cariño de los seres queridos.

En el trabajo la situación es muy parecida. Muchas veces la embarazada se siente descompuesta, de golpe deja de fumar o se generan otros cambios que alertan al entorno. Desmentir algo que es verdad resulta difícil y más si hay que pedir médico y faltar al trabajo por alguna descompostura o por algún turno. Es mucho más sencillo contarlo y disfrutarlo también con los compañeros de trabajo. Si se produjera un aborto espontáneo, se puede dejar clara la necesidad de hablar o no. Siempre hay alguna persona más cercana a la que se le puede pedir que transmita a los demás cómo se quiere manejar el tema y esto, seguramente, será respetado.

Comunicar el embarazo a otros hijos/a

Para un niño, todo es lenguaje significativo, observa y percibe todo lo que pasa a su alrededor, y reflexiona. Los niños y su derecho a la verdad y sucede también qye, de manera “inconsciente” se suelen enterar de la noticia. Son muy intuitivos y perceptivos (algunos/as más que otros/as) aunque no lo expresen de manera verbal. Los chicos son excelentes “lectores” de emociones. De hecho, son muchos los casos de madres que estaban esperando el mejor momento para darle la noticia al futuro hermano mayor y éste se le adelantó y le dijo de alguna manera que sabía que ella “tenía un bebé en la panza”.

El temor de los padres es, en este caso, que se produzca la pérdida del embarazo y el hijo sufra, entonces, al no decírselo, piensan en preservarlo y evitarle ese sufrimiento. Hay que asociar al niño a los ritos de duelo. Aunque sea un bebé y esté en brazos, hay que asociar a ese ser humano a los acontecimientos emocionales de la familia. Si el niño ve a los padres tristes, susurrando, descubre a la madre llorando, está en presencia de conversaciones telefónicas “en código”, ve a la madre haciendo reposo, yendo al médico, etc., sufre porque percibe que algo malo pasa y puede pensar que es por su culpa, que los padres están enojados con él o que su mamá está enferma.

Hay que reconocer al niño como sujeto de derecho a la verdad y darse cuenta de que en el permanente intercambio de expresiones, gestos y reacciones que se dan en una familia, hay un lenguaje que no pide permiso para contar lo que realmente sucede y que negar lo que el niño percibe claramente a través de este lenguaje es perjudicial para todos.

Además, si alguien conoce el hecho, el niño se enterará algún día y, así confirmará lo que viene sospechando desde siempre. Por eso, lo mejor es decírselo en cuanto suceda, para poder hablar de eso y que el sufrimiento no se exprese en algún cambio brusco de su comportamiento y actitudes, en hacerse pis en la cama o que incluso termine derivando en una enfermedad.