Home » Actualidad » Cómo manejar la agresividad infantil

Los niños pequeños no tienen un control de sus impulsos de angustia, miedo, rabia… La parte superior de su cerebro se está todavía formando y tienen dificultadas para controlar sus impulsos primarios. De todas formas, la etapa de la agresividad es pasajera ya que paulatinamente, van logrando tener una mayor capacidad de tomar en cuenta los sentimientos propios y los del otro. Además, lo principal a la hora de enfrentarse a estos comportamientos pasajeros de burlas e incluso acosos verbales es comprender las causas que los provocan, y también hacer acopio de una importante dosis de paciencia para evitar las excesivas prohibiciones, buscando un equilibrio donde los niños puedan ir desarrollando su autonomía.

En muchas ocasiones, las conductas agresivas en la infancia están relacionadas con las frustraciones. Los componentes agresivos suelen caracterizarse por la irritabilidad, destructividad, desafío a la autoridad y necesidad de llamar la atención. Por otra parte, los niños están expuestos a un mundo lleno de prisas, ansiedad, tensión, estrés…, elementos estos que favorecen las conductas agresivas.

Causas de la agresividad infantil

  • Genéticas. Temperamento innato e hereditario.
  • Disciplina muy severa en el hogar.
  • Cambios. De colegio, de domicilio, separaciones de los padres, cambios en la composición de la unidad familiar…
  • Sobreprotección, con poco desarrollo de la tolerancia a la frustración.
  • Ausencia de límites en la educación familiar, rabietas incontroladas, aprendizajes erróneamente dirigidos…

Alrededor de los dos años encontramos el pico de tendencia agresiva de los niños, porque antes de lesa edad no son capaces de incorporar el sentido de los demás, son egocéntricos y, prácticamente sólo existen ellos mismos. Existen ciertos grados en las manifestaciones agresivas, y si estas requieren la intervención de un especialista  nos estamos acercando al concepto de  “agresividad patológica”.  Dentro de las formas más frecuentes de este trastorno podríamos destacar las manifestaciones agresivas de carácter incontrolado y explosivo, la agresividad contra uno mismo y una cierta obsesión del niño por la interpretación de los mensajes de los demás como un acto de provocación contra él.  En estos casos, es conveniente que el niño pueda desahogarse en un lugar retirado para canalizar su agresividad a través de juegos o deportes y reforzando sus conductas positivas y razonando en la medida de lo posible sobre la inutilidad de las rabietas cuando esté más calmado. No es recomendable concederle caprichos o sobreprotegerlo, sino fomentar un clima en el que se sienta querido, con la autoridad adecuada y marcando la existencia de límites.

Para el control de la agresividad se destacan dos técnicas: La técnica de “la Tortuga” y la técnica del “Oso Arturo”.

  • La técnica de “La Tortuga” : fue diseñada por M. Schneider (1974) como un método muy eficaz para el autocontrol de la conducta impulsiva en el aula, revelándose muy útil en situaciones de descontrol por carga emocional. Resulta de mucha utilidad en niños preescolares y hasta los 7 años de edad. A partir de esta edad, la escenificación de la tortuga se utiliza como planteamiento lúdico de una técnica de relajación y autocontrol. El procedimiento es el siguiente: Leer al niño la historia de la tortuga. Luego, con la imagen mental que provoca el cuento, se invitará al niño a dramatizar la sensación de frustración de la tortuga, su rabia contenida e intento de introducirse en el caparazón. Cuando la tortuga se introduce en el caparazón para vencer los sentimientos de rabia y furia, el niño escenificará esta actitud pegando la barbilla al pecho, colocando los brazos a lo largo del cuerpo y presionando fuertemente barbilla, brazos y puños cerrados, mientras cuenta hasta diez. La distensión posterior provocará una relajación inmediata.Esta sesión concluye invitando al niño a realizar “la tortuga” en aquellos momentos en los que el enojo o la agresividad le desborde.Para motivar la aplicación de esta técnica, se propone al niño un refuerzo: una tortuga de verdad. Si aplica la técnica de la tortuga obtendrá puntos para la tortuga de verdad. Se dibujará una tortuga grande en cartulina. El caparazón de la tortuga estará cubierto de “escamas”-casillas, que serán los puntos a conseguir (se empezará poniendo un número reducido de casillas para completar los puntos necesarios para  una primera tortuga; posteriormente puede continuarse la técnica, si procede, dibujando una segunda tortuga con más casillas).El niño podrá tachar o colorear una de las “escamas” en dos ocasiones: Si ha conseguido hacer la tortuga en un momento difícil o si ha recordado a otro niño que lo hiciera cuando ha visto que se iba a descontrolar. Se reforzarán los avances en el cartel de la tortuga con algún elogio o premio.
  • La técnica del “Oso Arturo”. El Oso Arturo presenta en los 4 pasos, que pueden estar representados con dibujos, la manera de solucionar los problemas. El niño conocerá al Oso Arturo y con él aprenderá que en cualquier situación y para cualquier actividad, tarea, juego o problema tendrá que hacerse 4 preguntas en voz alta y contestarlas, aprendiendo a controlar su conducta mediante autoinstrucciones (Meichenbaum, 1977):
  • ¿Cuál es mi problema?
  • ¿Cuál va a ser mi plan para solucionarlo?
  • ¿Estoy aplicando mi plan?
  • ¿Cómo lo he hecho?

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