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¿Cómo son las familias en tránsito?

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La modalidad de familias de acogimiento o tránsito surge para evitar o disminuir la institucionalización de menores. Se sostiene en la Convención sobre los Derechos del Niño, de las Naciones Unidas, que establece que los niños deben crecer en familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión; y en la Ley Nacional 26.061, que tiene como objetivo la conservación o recuperación de sus derechos vulnerados.

No hay remuneración por ser familia de acogimiento. Sí reciben ayuda (no económica) de parte de las diferentes asociaciones para cubrir pañales, leche, ropa, médicos, escuela, etc. Entre los requisitos básicos están ser mayor de 30 años, tener hijos biológicos, residir en la Argentina hace más de 5 años, no tener antecedentes penales, nunca pedir la adopción de un niño ni estar inscriptos en una lista para adoptar, y no reclamar ningún derecho sobre estos niños.

Las razones por las que estas familias abren sus casas para recibir por un tiempo a chicos que fueron abandonados son variadas. Poseen creencias muy fuertes, vienen de lugares donde la solidaridad es un ejemplo, suelen tener varios hijos biológicos y les quieren transmitir esto como un valor. Sienten que el amor familiar lo salva todo.

Saben que es temporario, que después de un tiempo, cuando la Justicia lo diga, ese niño que vivió como uno más de la familia, se va. Las familias en tránsito deben tener claro que son un puente. Que todos los chicos tienen derecho a una vida familiar estable y que para eso hay que trabajar. No hay que tener miedo a la partida, duele, pero estas familias se comprometen a preparar a esos chicos para un nuevo amor, que encontrarán con sus padres adoptivos.

Familias en tránsito
Familias en tránsito: Amor sin límites

Además de la entrega absoluta y las mismas emociones encontradas que van de las lágrimas a una alegría inmensa por ese chico que encontró su lugar, hay muchas otras coincidencias en las familias que deciden abrir su corazón. La sensación de tristeza cuando se van es inevitable, pero verlos progresar es gratificante. Hay que soltarles la mano y ese momento tarde o temprano va a llegar. No hay que juzgar a esa madre que los abandonó o no los cuidó porque existen historias de vida realmente muy duras. Conservar los nombres con los que vienen es una forma de respetar a esa madre que les dio la vida. Que quizás no los pudo cuidar y seguro habrá hecho lo que pudo.

En el último tiempo, los casos se volvieron mucho más complejos. Abusos, golpes y adicciones están detrás de la vida de estos niños y niñas que entran en el sistema. Estas situaciones y también el abandono en lugares públicos cuando tienen apenas días de vida hacen que los chicos tengan muchísimas carencias no sólo afectivas sino también motrices y cognitivas. Por eso, las familias de acogimiento además de darles amor y mostrarles que hay otra vida —más feliz, más tranquila— también se comprometen a intentar revertir estos casos. Y lo hacen con estimulación temprana de todo tipo y mucho contacto físico, porque las caricias y los abrazos son fundamentales.

A veces, incluso hay que ayudarlos a querer vivir, a que se adapten a dormir en un colchón, a las sábanas, al baño, a la higiene personal. Muchos chiquitos/as tienen dificultades para hablar, duermen veinte horas al día porque están como entregados o son agresivos. Con paciencia, acompañamiento médico y muchísimo amor, logran cambios en el carácter, vuelven a sonreír y hasta alcanzan logros típicos de su edad.

familias en tránsito
Familias en tránsito: el acuerdo entre todos los integrantes es clave

Una decisión familiar

El acuerdo entre todos los integrantes de la familia es clave. En este punto, tienen mucha relevancia los hijos biológicos que de golpe pasan a compartir lo más importante que tienen: su mamá y su papá.

Entonces ¿Cómo explicarles a esos hijos que de ahora en más van a vivir con ellos uno o dos niños por un tiempo determinado? ¿Cómo evitar que sufran con cada partida?

Los chicos lo ven como algo natural, que entienden mucho mejor el límite que los adultos. A todos les desean una familia, están acostumbrados, vivieron siempre con esto.

Es fundamental estar todos de acuerdo antes de aceptar un nuevo niño. Hablar mucho y siempre bien claro, sobre lo que está pasando. Entre tránsito y tránsito, tomarse un tiempo para descansar, tanto para combinar el nuevo arribo como para decir que ya tienen padres que los van a adoptar.

Ellos les dicen “mamá” porque copian de los otros hijos, pero también porque necesitan llenar ese rol; ellas les dicen “hijo” y realmente lo sienten. Y así el vínculo se forma y la rutina comienza si hay que llevarlos al colegio o al médico, festejar el cumpleaños o invitar a algún amigo a jugar. Todo esto se registra en un cuaderno y se arma una caja con fotos, ropa y cartas, que una vez que cada niño se va, se les entrega a sus padres o al juzgado. Es bueno que durante esta etapa se registre todo lo que pasó, los momentos y los afectos, para que no quede un agujero negro en sus vidas. Es inevitable, el corazón se abre un poco más con cada niño y allí permanecen para siempre.

Después, cómo sigue la historia depende de cada familia adoptiva o biológica. Hay desenlaces de todo tipo. Algunas fueron nombradas madrinas, otras tienen el título de tías, o manejan kilómetros para visitar a una hija de tránsito después de muchos años.

Para acercarse

Familias de Esperanza

Tel.: (011) 4719-6738 / (011) 4760-1989

contacto@familiasdeesperanza.orgdonaciones@familiasdeesperanza.org

Aldeas Infantiles SOS

Tel.: 54 (11) 5352-2000

info@aldeasinfantiles.org.ar

Programa de Acogimiento Familiar

Dirección General de Niñez y Adolescencia de la Ciudad de Buenos Aires Tel.: (011) 4124-5938/39. Lunes a viernes de 10 a 16 horas acogimientofamiliar@buenosaires.gob.ar.