Home » Embarazo » Cómo tratar ciertas molestias intimas al final del embarazo

En las últimas semanas de gestación es cuando surgen más molestias íntimas, ya sea porque se acentúan las existentes o porque aparecen problemas nuevos. Esto es así porque al efecto hormonal se le suma el mayor peso que ahora ejercen el útero y el bebé sobre la zona genital. Además, una se encuentra más cansada y con ganas de que llegue el momento del parto. Esa mentalidad también influye en cómo se viven los contratiempos de última hora.

  • Polaquiuria

Les sucede al 90% de las embarazadas y se manifiesta con un aumento en la sensación de las ganas de orinar. Tiene mayor incidencia en gestaciones gemelares o de bebés de alto peso. La polaquiuria se puede presentar durante todo el embarazo por el influjo hormonal, pero ahora, en la recta final, lo vas a notar más porque a los efectos hormonales se suma que el útero y el bebé comprimen la vejiga. Este efecto compresivo es el causante también de que te levantes varias veces por la noche a hacer pis. Si te ves muy apurada, no ingerir líquidos 2 horas antes de ir a dormir. Pero beber menos durante el día no es una solución. La polaquiuria es un síntoma asociado al embarazo y no se puede hacer nada. En todo caso, conviene hablar con el médico ginecólogo por si es preciso descartar una infección.

  • Incontinencia de esfuerzo en el embarazo

Es otra afección frecuente y también debida a la sobrecarga que soportan los músculos del suelo pélvico por el peso del útero y del bebé. Son los escapes de orina producidos como consecuencia de algún movimiento que aumente la presión abdominal, como toser reír o estornudar. Es más común en la última etapa de la gestación, cuando el efecto compresor es mayor, y por esa misma razón afecta más en los embarazos gemelares. Para prevenirla, lo mejor son los ejercicios de Kegel, movimientos destinados a fortalecer la musculatura pélvica; los enseñan en muchos centros y se pueden practicar desde el primer mes de embarazo. No hay que aguatarse la orina, ya que ello favorece que surjan infecciones.

  • Cistitis

Las infecciones urinarias y vaginales son las dos más frecuentes y recurrentes durante el embarazo. Hay que tratarlas sin demora porque pueden llegar a desencadenar contracciones por irritación del útero y, en consecuencia, hay riesgo de parto prematuro. La cistitis se caracteriza por dolor y quemazón al orinar, un aumento de las ganas de ir al baño y /o molestia pélvica. Y aunque parezca raro, también puede ser asintomática. Ante cualquiera de estos síntomas, y más aún si hay fiebre, acudir de inmediato al médico. Es importante tratar rápido estas infecciones para evitar que asciendan al riñón y que se compliquen. Como prevención, adoptar medidas como: extremar la higiene, no aguantar la orina, hacer pis después de tener relaciones sexuales o aumentar la ingesta de líquidos. Otro remedio muy efectivo, sobre todo si hemos tenido infecciones recurrentes antes del embarazo, es tomar arándano rojo, ya sea en fruto, pastillas o jarabe.

  • Infección vaginal

Varias circunstancias favorecen la aparición de una infección vaginal. La primera, los cambios en el pH de la piel (efecto hormonal). La segunda, la bajada de defensas que se sufre durante la gestación. Y por último, puede surgir tras la toma de un antibiótico, ya que en ocasiones éstos destruyen la flora vaginal (que protege contra las infecciones). La vaginal es la infección ginecológica más frecuente, incluso fuera del embarazo. No hay más riesgo de sufrirla en el último trimestre, pero sí es más peligrosa, porque a partir de la semana 37 el cuello uterino empieza a dilatarse y deja de actuar como barrera. Por tanto, la infección podría llegar a afectar al bebé.
Los dos tipos de infección vaginal más frecuentes son las provocadas por hongos (en concreto la cándida) y la vaginosis bacteriana. La primera es más benigna. Produce picor fuerte y un aumento del flujo de color blanco-requesón. El tratamiento es tópico antifúngico (crema u óvulos vaginales), nunca por vía oral. La vaginosis bacteriana puede estar ocasionada por múltiples gérmenes, el más frecuente es el llamado Gardnerella. Provoca escozor y flujo grisáceo maloliente. El tratamiento, que puede ser oral o tópico, es con antibióticos.

  • Leucorrea

Se trata de un aumento del flujo vaginal provocado por los cambios hormonales. Puede aparecer en cualquier momento de la gestación, pero se acentúa al final porque las glándulas segregan más flujo para lubricar e hidratar el canal del parto. Pese a que este aumento en las secreciones es normal, hay que estar atentas en caso de picor, porque puede deberse a una infección. Si no es así ,y el flujo es blanquecino o transparente y no huele, todo va bien. Para aumentar el confort, usar ropa intima de algodón, incrementar la higiene (nunca realizar lavados vaginales internos) y usar protectores diarios transpirables para evitar el riesgo de infección.

  • Molestias circulatorias

La dificultad de la circulación sanguínea y la presión del útero provocan otro trastorno muy frecuente: las hemorroides. El 30% de las embarazadas las padecen. Surgen entre el segundo y el tercer trimestre por la compresión que ejerce el útero sobre las venas hemorroidales. Otras causas son el estreñimiento y la mala circulación (la sangre es más densa ahora). Las hemorroides son muy molestas, causan picor, escozor e incluso pueden doler mucho y sangrar. No suelen complicarse, aunque pueden producir trombos (en ese caso hay que realizar una pequeña intervención).  Para prevenirlas, evitar el estreñimiento con una dieta rica en fibra, no permanecer sentada por ratos largos y dormir con las piernas en alto. Si ya las padecemos, hay tratamientos antihemorroidales que se pueden utilizar en la gestación. Caminar a diario, por lo menos una hora, ayuda a mejorar la circulación sanguínea y a reducir la intensidad de las hemorroides.

  • Fisura de la bolsa amniótica

Se parece a la incontinencia urinaria en que de pronto te sentirás mojada.  Para diferenciarlo: colocar una toallita femenina y observar cómo es (¿es de color amarillo? ¿huele a orina?). O, mejor aún, hacer pis y después recostarse para que la vejiga no tenga presión, colocar una toallita y sobre ella un paño de color. Si es pis, al no tener presión sobre la vejiga, no mancharemos nada. Si es líquido amniótico, sí expulsaremos y se mojará el paño de color. Ante la duda: consultar con el ginécologo, quien realizará una prueba para saber si es líquido amniótico y, por lo tanto, si hay rotura de la bolsa.

  • La expulsión del tapón mucoso

Se parece a la leucorrea en que se genera mucho flujo y provoca una sensación desagradable. Para diferenciarlo: La expulsión del tapón mucoso supone la presencia de un flujo denso, pastoso, de color ocre y a veces teñido con hilitos de sangre. El parto no es inminente, pero está bastante cercano, ya que se ha dilatado el cuello uterino lo suficiente para que el tapón se desprenda. Con la leucorrea surge un flujo líquido-acuoso, sin apenas color, que se nota con cierta frecuencia.

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