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¿Cómo se detecta el maltrato en los niños?

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El abuso infantil se da en todos los niveles socioeconómicos, culturas y géneros. Pensar que un niño, un ser inocente y vulnerable, pueda ser agredido y lastimado por sus seres queridos es abrumador. Lamentablemente, el maltrato en los niños es una realidad más común de lo que quisiéramos aceptar. El abuso infantil no solo es una tragedia para el pequeño que lo padece, sino para todo el entorno donde se inflige el abuso. Un niño abusado puede llegar a convertirse en un nuevo maltratador.

El maltrato infantil  puede incluso presentarse ante nuestros ojos, en nuestra familia y en nuestra sociedad y/o comunidad. Por suerte, existen señales que permiten detectar cuándo puede estar ocurriendo. De hecho, según la Organización de las Naciones Unidas (OMS), una cuarta parte de todos los adultos manifiestan haber sufrido maltratos físicos siendo niños. Es decir, que un 25 % de los hombres y mujeres que habitan este mundo han sido lastimados durante su infancia.

Más allá de lo evidente, podemos preguntarnos: ¿qué consideramos maltrato infantil? ¿Qué confusiones podemos tener con respecto a las técnicas de corrección que aplicamos en el hogar? Para guiarnos en el tema podemos repasar los tipos de abusos considerados nocivos para la salud física y mental de los niños.

  • Abuso emocional y psicológico: no se le demuestra afecto al niño y se le rechaza cuando el niño lo hace. El abuso incluye descalificaciones y decirle que no sirve o no vale nada, una y otra vez. También, aislarlo de su entorno familiar o social.
  • Abuso físico: se le infligen lesiones al niño que no se limitan a golpes, sino a severos castigos físicos que implican atención médica.
  • Negligencia: abandono. No se le proporciona el acceso a las necesidades básicas de la vida, como alimentos, vivienda, vestimenta, educación, intervención médica y protección.
  • Abuso sexual: puede haber una amplia gama de actos sexuales ejercidos hacia un niño, de contacto y sin contacto. Estos incluyen amenazas y manipulaciones sobre el significado del amor.

Cuando un niño convive con una familia tóxica, hay patrones de comportamiento abusivos:

  • Retroceso en el desarrollo : los niños maltratados ​​pueden tener comportamientos que se muestran a edades más tempranas. Ejemplo de ello es chuparse el dedo, orinarse en la cama, miedo a la oscuridad o miedo a los extraños.
  • Evitan el hogar y a ciertas personas: expresan aprensión o ansiedad cuando salen de la escuela. También, pueden mostrar un miedo inusual hacia una persona o un lugar en particular.
  • Trastornos alimentarios: el estrés, el miedo y la ansiedad causados ​​por el abuso pueden provocar cambios en las conductas alimentarias de un niño. Esto se puede traducir en un aumento o pérdida de peso considerable.
  • Trastornos del sueño: un niño maltratado puede evidenciar signos de cansancio o fatiga, por tener dificultades para conciliar el sueño.
  • Bajo rendimiento académico: el maltrato en los niños puede detectarse en la escuela por ausencias excesivas y falta de atención en clase.
  • Falta de cuidado personal e higiene: los niños abandonados pueden parecer descuidados. También, presentarse desaliñados y carecer de ropa adecuada para el clima.
  • Actitudes de riesgo: los jóvenes que sufren abusos pueden atreverse a experimentar actividades de alto riesgo como consumir drogas, alcohol o portar armas.
  • Conductas inadecuadas: los niños que han sido abusados pueden exhibir un comportamiento excesivamente sexualizado. Incluso usar lenguaje sexual extremadamente explícito.
  • Lesiones inexplicables: la frecuente aparición de quemaduras o hematomas en el cuerpo pueden ser señales de maltrato en los niños. Sobre todo si las explicaciones sobre las lesiones son poco convincentes.

Aunque estas señales pueden ser evidencias del maltrato en los niños, en mayor o menor grado, la comprobación de que algo malo está ocurriendo debería hacernos reaccionar. Buscar vías de intervención en favor de su estabilidad, como formalizar una denuncia es lo más correcto. A veces, los niños ni siquiera se dan cuenta de que el trato que reciben es abusivo. En la mayoría de los casos, la agresión proviene de sus padres o de un miembro cercano de la familia que ellos suponen que los ama. Por eso, el impacto psicológico es mayor y sus marcas invisibles pueden llegar a arruinarles la vida adulta.

Según el tipo de abuso infligido de niño, un adulto puede que padezca alguno de los siguientes problemas psicológicos:

  • Ansiedad: quienes han experimentado abusos pueden tener miedo a las personas o a situaciones que les recuerden las agresiones sufridas. Pueden temer la intimidad sexual, presentar conductas compulsivas y ataques de pánico.
  • Ira: pueden sentir una ira intensa por sus abusadores e incluso por sí mismos, particularmente cuando creen que deberían haberlo detenido.
  • Conductas autodestructivas: un adulto maltratado puede convertirse en un adicto a las drogas y el alcohol. Puede herirse a sí mismo y hasta sabotearse cualquier iniciativa de desarrollo profesional y emocional.

Lo más irónico que puede ocurrirle a una persona que ha sufrido maltrato infantil es que de adulto repita las agresiones recibidas y se convierta en un abusador. Es una espiral de violencia que puede abarcar generaciones. Por eso, su rescate es fundamental para la sociedad. Una intervención psicológica en el niño puede revertir los efectos del maltrato y permitirle la temprana sanación emocional. Generalmente, las estrategias permiten que el afectado explore los sentimientos de enojo, dolor, frustración y miedo que lo acosan, para poder recuperar la sensación de seguridad. Además de la fundamental psicoterapia, existen otros medios que se apoyan en técnicas de meditación, juegos de rol, grupos de apoyo.