6 julio, 2020

¿Cómo pueden los hijos y los padres mantener una relación sana?

Una grave crisis que atraviesan las relaciones en la era moderna es la conexión que debe existir entre hijos y padres. Es frecuente ver que la comunicación entre ambos solo se limite a asuntos rutinarios como el manejo del dinero o retos que se convierten en discursos. Para rescatar el concepto de familia, en cualquier momento, es necesario sanar la relación entre hijos y padres. Esto conlleva un esfuerzo conjunto que deben hacer los integrantes de una familia. Aunque puede parecer un reto por los frecuentes conflictos y malentendidos, es posible recuperar el respeto y el amor incondicional.

Las causas de esta situación son diferentes en cada familia, sin embargo, en la mayoría de los casos se debe a:

  • Miedo: para muchos chicos, el concepto de intimidad aparece con la desconfianza y el miedo hacia los padres, factores contrarios al fomento de una relación sana. En estos casos, los hijos ven a los padres como intrusos que desean indagar en su intimidad, lo que debilita aún más la comunicación. Por parte de los padres, muchas veces existe también el temor a rebajar su autoridad y que salgan a la luz acontecimientos o hechos que sucedieron cuando eran jóvenes. También, experimentan el miedo a que los chicos se enteren de las preocupaciones que tienen, ya sea en el contexto económico, laboral o social.
  • Demasiado uso (o abuso) de las herramientas tecnológicas: los dispositivos electrónicos, en algunos casos, han extendido la distancia entre las personas que conviven en la misma casa. Ahora, es más frecuente ver a los padres frente a la computadora, trabajando en todo momento, a cualquier hora. Mientras tanto, los niños pasan el tiempo jugando con netboolks, notebooks, celulares o tablets. Es así como, ya desde bien chiquitos, se acostumbran a no molestar o no interferir a los padres.
  • Cada uno mantiene una postura inflexible: algunos conflictos entre padres e hijos surgen cuando cada quien piensa que tiene la razón y no están dispuestos a ceder. Para muchos, exponer su punto de vista implica un debate, lo que lleva al temor de perder la sensación de seguridad y caer en la vulnerabilidad. Este temor impide el diálogo. Así, comienza el proceso de fractura de la relación.

Para sanar la relación entre hijos y padres es necesario en primer lugar aprender a escuchar y a hablar. Sin embargo, este es un aprendizaje que deben llevar ambas partes para que el esfuerzo valga la pena y rinda frutos. Desde muy pequeños los hijos deben notar que eres una persona accesible y que deseas entablar una comunicación sana. Para ello, ilos papás deben empezar la conversación compartiendo ideas que les resulten atractivas y sin caer en el interrogatorio y, haciéndoles notar que lo que les pasa, les interesa. Para ello, se debe abandonar cualquier tipo de tarea y sentarse con ellos a escucharlos. Conviene evitar interrumpirlos y dejar que se expresen libremente.

Por otra parte, la forma en cómo reaccionan lo papás también puede estimular o frenar la comunicación con los hijos. Esta puede evidenciar si se busca discutir, si uno está a la defensiva o molesto por la situación. Expresar la opinión sin rebajar la de los chicos. De esta manera, se generará un ambiente saludable que fomente una relación unida y, lo mejor de todo, los papás estarán dando un buen ejemplo.

Este «trabajo» no tiene un solo lado, no es simplemente de los padres. Los hijos deben hacer un esfuerzo. Para eso, conviene meditar sobre las consecuencias de una relación fracturada con los padres. Tus padres son lo más importante ya que te han guiado durante el crecimiento. Una mala decisión puede causar daños que lastimen a toda la familia. Por otra parte, es importante tener la mente abierta a muchas opciones. La experiencia de los padres representa sabiduría. Escucharlos y ser honestos es la mejor manera de aprovecharla. Por último, es necesario recordar que los papás no son perfectos. Esta premisa debe llevar a los hijos a tener la capacidad de perdonarlos diariamente, considerar sus errores y tenerles paciencia.

Sanar la relación entre hijos y padres es lo que la sociedad moderna necesita para tener éxito. La importancia de este hecho es evitar vivir con resentimientos y rencores que hacen daño tanto a la salud emocional como a la física. De parte de ambos, sentirse parte de la familia debe ser lo más importante en todo momento.