Home » Actualidad » ¿Cómo son los pensamientos intrusivos en los niños?

Todos tenemos pensamientos indeseados algunas veces. Pero, si les otorgamos demasiada importancia, pueden ser difíciles de eliminar. Los adultos somos conscientes de que, en mayor o menor medida, todos tenemos pensamientos desagradables o molestos a veces. Sin embargo, la existencia de este tipo de pensamientos intrusivos en los niños no ha sido tan estudiada. ¿Los experimentarán de la misma forma que los adultos?

Los pensamientos intrusivos son ideas o imágenes no deseadas que, de forma involuntaria, aparecen en nuestra mente. Pueden resultar desagradables, incluso perturbadoras, pero son un fenómeno que compartimos todos los seres humanos. Generalmente, no les damos más importancia que a cualquier otra idea y continuamos nuestra vida. El problema surge cuando estos pensamientos cotidianos tienden a presentarse de forma constante y repetitiva. Cuando, a pesar de que tratemos de redirigir nuestra atención, resulta difícil librarse de ellos. En este punto se sitúan las obsesiones propias del trastorno obsesivo-compulsivo y se hace necesario recurrir a ayuda profesional.

Para determinar la presencia o ausencia de este tipo de pensamientos en los más pequeños, se llevó a cabo un estudio. En él, se evaluaba la tendencia de los niños a experimentar pensamientos intrusivos de cuatro categorías:

  1. Agresión-sexo-acumulación. Indaga sobre pensamientos relacionados con dañarse a sí mismo y a los demás. También sobre ideas de contenido sexual o necesidad de guardar objetos aunque ya no se usen ni se necesiten.
  2. Contaminación-dudas. Evalúa pensamientos irracionales acerca de estar sucio o contaminado por tocar ciertos objetos. También explora ideas de culpa y de miedo a que ocurran cosas malas a objetos o seres queridos.
  3. Superstición-repetición. Recoge el temor a que ocurran desgracias si no hago o dejo de hacer algo en concreto. Igualmente, la tendencia incontrolable a repetir los actos un determinado número de veces.
  4. Orden-comprobación. Explora ideas obsesivas acerca del orden, la limpieza y la necesidad de comprobar y reasegurarse de que todo está bien.

Tras analizar los resultados, se extrajeron valiosas conclusiones. En primer lugar, más del 90 % de los niños afirmaron haber tenido pensamientos intrusivos, especialmente los relacionados con contaminación y dudas. El factor sobre el que menos pensamientos tenían los menores era sobre agresión-sexo-acumulación. Como era de esperar, al tratarse de una población de niños sanos, la frecuencia de estas desagradables ideas era baja. Sin embargo, se observó que una pequeña parte de ellos presentaba una frecuencia de pensamientos inusualmente alta. Esto podría ser indicio de un trastorno obsesivo-compulsivo de inicio temprano. Algunos datos curiosos que se revelaron en el estudio fueron, por un lado, que no había diferencia entre los pensamientos más comunes de niños y niñas. Al contrario de lo que ocurre entre los adultos, porque los hombres tienen con más frecuencia pensamientos del factor uno.

Por otro lado, se evidenció que a los 13 años el número de pensamientos intrusivos en los niños crece exponencialmente. Seguramente, es debido a que es al comienzo de la preadolescencia cuando los jóvenes comienzan a ser más conscientes de sí mismos y a preocuparse más por su identidad. Es lógico, por tanto, que en estos momentos aumenten sus dudas sobre sus propios comportamientos y pensamientos.

¿Cómo manejar los pensamientos intrusivos en los niños?

Todos tenemos alguna vez pensamientos intrusivos o desagradables y no pasa nada. En cambio, algunas ideas se quedan atascadas en nuestra mente debido a que les otorgamos demasiada importancia. Es necesario ayudar a los niños a tener clara la diferencia entre pensamiento y acción. Tener un pensamiento no te hace mala persona ni significa que lo vayas a hacer, es simplemente una idea. Para hacerlo más comprensible, podemos utilizar una metáfora. Nuestra mente es una televisión y los pensamientos son los programas que ponen en los distintos canales. Estos pensamientos van fluyendo como los canales cuando hacemos zapping. Cuando en la televisión aparezca un programa que no nos guste, simplemente, cambiemos de canal y continuemos con nuestra vida. Solo es un programa más. Por otro lado, hemos de enseñarles a tolerar la angustia que les provoca ese pensamiento sin tratar de evitarla buscando reaseguración en los padres. Acudir a ellos confesando el pensamiento para que te afirmen constantemente que no ocurre nada solo empeora el problema. Hay que aprender a tolerar la ansiedad hasta comprobar que el pensamiento simplemente sigue su curso.

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