Home » Actualidad » Cómo aplicar la sobrecorrección en los niños

Educar a un ser humano es un trabajo complejo que requiere grandes dosis de paciencia. En ocasiones, sentimos haberlo probado todo para reducir esos comportamientos indeseados de los más pequeños, y nada parece surtir efecto. La sobrecorrección es una de las técnicas más eficaces para modificar conductas.

Sabemos que es una técnica operante encaminada a modificar comportamientos negativos, pero ¿cómo lo logra? Pues bien, se trata de que el niño realice de forma repetitiva o prolongada una conducta adecuada que esté directamente relacionada con aquella que deseamos eliminar. Además, el pequeño debe hacerlo de forma contingente a la misma. Es decir, por cada conducta indeseable hemos de seleccionar otra relacionada, pero positiva. Cada vez que aparezca la primera, el niño debe realizar la segunda varias veces o durante un tiempo prolongado.

Tu hijo juega con la pelota dentro de casa, le pega a su hermano/a, pinta las paredes o tira los juguetes. A pesar de que le has pedido miles de veces que no lo haga, ha vuelto a suceder. Probablemente, la frustración te llevará a perder los nervios y a levantar tal voz. Lo retarás, le gritarás y pasarás un mal trago por tener que hacerlo y, aún así, es posible que la conducta reaparezca. ¿Cómo actuar entonces? Tenemos que poner límites, pero estamos cansados de pelear con nuestros hijos. La sobrecorrección puede ser una buena herramienta educativa si te encontrás en esta situación. Nos ayudará a eliminar comportamientos negativos a la vez que entrenás conductas deseables.

El conductismo es una rama de la psicología que estudia el comportamiento en función de sus consecuencias. De este modo, se postula que una conducta variará su frecuencia de aparición según sean las consecuencias que la sigan. Si estas son positivas, aumentará, mientras que si son negativas, disminuirá. De esta forma, modificando las consecuencias, podemos provocar cambios en la conducta. Existen dos vías principales para lograrlo: si deseamos que un comportamiento aparezca con mayor frecuencia, utilizaremos el reforzamiento. Por el contrario, si queremos reducir o eliminar la presencia de una conducta, utilizaremos el castigo. 

La sobrecorrección queda, por lo tanto, encuadrada dentro de las técnicas de castigo, pues su objetivo es disminuir la frecuencia de una conducta indeseable.

No obstante, esta técnica presenta varias ventajas frente a otras de su misma categoría:

  • Es una técnica inocua para la salud y la integridad tanto física como psicológica del niño. No se le produce ningún daño ni se le muestra un modelo de agresividad (como ocurre con el castigo físico).
  • Cuando se emplean técnicas de castigo, es posible que el niño genere resentimiento y otras emociones negativas contra el adulto que se lo impone. En este caso, las probabilidades de que esto ocurra se reducen al mínimo.
  • Enseña al niño conductas apropiadas, por lo que, al tiempo que combatimos un comportamiento desagradable, instauramos uno alternativo positivo.

 Existen dos formas de aplicar la sobrecorrección:

  • Sobrecorrección restitutiva: esta indicada en aquellos comportamientos que tienen un efecto perturbador o destructor sobre el ambiente. Por ejemplo, si el niño ha pintado la mesa. En este caso, se trata de que restaure los efectos negativos de su mala conducta dejando el espacio incluso mejor de lo que estaba originariamente. En este caso, le pediremos que limpie la mesa que ha ensuciado y, además, el resto de muebles de la habitación.
  • Práctica positiva: cuando la conducta a eliminar no produce ninguna alteración en el ambiente, utilizamos este método. Por ejemplo, si el pequeño deja su ropa tirada en el suelo del baño. La práctica positiva consiste en que el pequeño/a ejecute una conducta incompatible con la primera varias veces o durante más tiempo del necesario. Así, le podríamos pedir que practique 10 veces la conducta de recoger la ropa del suelo y meterla en el cesto de la ropa sucia.

Como vemos, a pesar de tratarse de un castigo, el elemento punitivo no es arbitrario, está completamente relacionado con la conducta problema. De esta manera, enseñamos al niño a través de las consecuencias naturales y no a partir de castigos irrelevantes. Restituir el ambiente o practicar la conducta apropiada tiene un mayor valor educativo que, por ejemplo, castigarlo y que no pueda invitar a un amigo a jugar, o que no pueda jugar a la play, ni mirar la tele. Por eso, y por su gran eficacia, la sobrecorrección es una técnica a tener en cuenta.

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