Home » Actualidad » ¿Qué tipo de mamá sos?

La eterna adolescente: desde que tu hija se compra ropa canchera, estás copada con compartir con ella el guardarropa. Sos de esas mamás que les queda perfecto el chiste: “¿Quién es la madre y quién la hija?”. Te encanta que los chicos empiecen a festejar sus cumpleaños con música electrónica a los 8 años, o que hagan pijamas party mixtos, y te bancás como una lady las miradas atónitas de las otras madres. Reflexión: Tené cuidado porque la línea entre ser canchera y ser patética es muy fina. Cada etapa tiene su propio look, lo mejor que podés hacer es respetarlo para evitar confusiones.

La Sobreprotectora :  es el perfil de madre más común. En ello influye el hecho de que las mujeres de hoy, deciden serlo cada vez con más edad y que la mayoría de ellas tiene un solo hijo o, como mucho, dos. Son muy conscientes de que la maternidad es un bien preciado que seguramente no volverán a vivir, por lo que les cuesta dejar crecer a sus hijos e intentan alargar la dependencia o el lazo afectivo todo lo posible, a veces de forma algo artificial. Al mismo tiempo, son mujeres que esperan mucho de sus hijos, que quieren que sean como ellas siempre han deseado, y esto les genera frustración cuando no se cumple. La madre sobreprotectora es exigente y dedica todo su esfuerzo y dedicación a sus hijos. Es dependiente y, a veces, también algo hipocondríaca. No permite que su pequeño sufra la más mínima frustración, y por eso tiende a protegerle ante cualquier “amenaza”, confiando poco en sus posibilidades. Esta forma de actuar, a la larga perjudica al niño, volviéndole dependiente y poco tolerante a las frustraciones. El niño sobreprotegido, muy probablemente sea el día de mañana un adulto inseguro y con pocos recursos para enfrentarse a los momentos difíciles.

La relajada y/o permisiva: Tu propia madre fue tan neurótica y obsesiva que vos sos relajada y laxa con los horarios y las obligaciones. Si tu hijo no pide la teta por tres horas no vas corriendo a darle… A veces te olvidás de cambiarle el pañal, o de darle una vacuna a término. Te dormís en su cama desde que nacieron, le jurás a todo el mundo que “no pasa nada” si van al shopping desde el mes de vida y no te sentís culpable por eso. Tu frase de cabecera es: “Está todo bien”. Evita hacer uso del control y los castigos y muestra una excesiva concesión a las peticiones de sus hijos. Están dentro de este grupo las madres que quieren que sus hijos tengan todos sus deseos satisfechos, ya que ellas no los tuvieron. Piensan que los niños deben crecer en libertad, sin límites o con los mínimos y, por eso, a menudo aceptan positivamente sus impulsos, iniciativas y argumentos. También se incluye en este perfil a aquellas mamás trabajadoras, con agendas rebosantes de tareas, que se sienten culpables por el escaso tiempo que dedican a sus hijos y que pretenden compensarlo ofreciéndole todo lo que pide. Muchas temen enfrentarse con ellos y, por esta razón, acaban cediendo a todas sus demandas. A la larga, sus hijos serán niños consentidos que tomarán las riendas de la vida familiar a su antojo, que no conocerán los límites, ni contarán con puntos claros de referencia a la hora de afrontar problemas. Y es que, para ser adultos auténticamente libres y seguros, los niños no sólo necesitan todo nuestro cariño, sino también normas de conducta, coherentes y firmes. Los chicos necesitan una rutina para crecer en armonía.

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La creativa: la casa es como un taller de bricolage en donde cada tarea se hace con tijeras y boligoma. El aburrimiento no se inventó para ella. La madre imaginativa es creativa, divertida y alegre; le gusta estar siempre activa. No importa lo ocupada que esté, ella sabe disfrutar del tiempo que pasa con su hijo, aunque sea escaso, y nunca le faltan ideas para ello. Sabe proponer actividades originales y plantear retos nuevos. Es, en definitiva, una mujer con recursos y gran capacidad para tomar decisiones. Le encantan los niños y lo demuestra día a día. Sus hijos crecerán en un ambiente creativo y optimista y con toda probabilidad se empaparán de ese espíritu vitalista y serán personas igualmente imaginativas.Una vida demasiado imprevisible, puede llevar al niño a sentirse desorientado en algunos momentos, especialmente si es muy pequeño. Recuerda que los niños también necesitan rutinas y pautas para sentirse seguros. Muy instructivo, pero los chicos se cansan entre las tareas del colegio y tanta plasticola de colores.

La perfecta: Desde que sos madre, te volviste un ser insoportable: gritona, aburrida, obsesionada con el reloj y las etiquetas de los productos. Sometés a las visitas a exigentes rituales de higiene, los rociás con desinfectante y lavás los juguetes de tus hijos cada vez que se caen al piso. Vos estás hecha un “escracho”, pero el chico está en una burbuja inmunológica digna de la NASA. ¿Tus únicos temas de conversación? Hijos, pediatras, pañales y mamaderas. Reflexión: Dale vacaciones al monstruo controlador y meticuloso que se metió en tu interior. La mamá perfecta no existe y si seguís así, te vas a volver la más insoportable del planeta.

La sacrificada: Te levantás antes que tus hijos y te vas a dormir cuando ya todos están roncando. Volvés a la hora del almuerzo para que no coman solos, merendás leche chocolatada y hacés la tarea junto con ellos. Creés que la mejor manera de ser madre es vivir para tus hijos (recordá que tu marido es ese que duerme al lado tuyo). Tu fin de semana arranca con sus clases de natación y danza, y termina con buscarlos en los cumpleaños. Reflexión: ¡Por favor! Un poco de relax, que si hay algo que los chicos no quieren es que los asfixien. Un poco de vida propia no te va a convertir en mala madre.

La insegura: otra de las madres que más abundan, especialmente cuando se trata de mamás primerizas. De modo que, no es extraño sentirse identificada con este perfil en uno u otro momento de la experiencia maternal. Sin embargo, la mujer que de antemano cuenta con una personalidad insegura y temerosa, lo refleja en la relación con sus hijos de forma más clara. Son madres que temen tomar decisiones de cualquier índole, por miedo a que las consecuencias sean devastadoras; que jamás actúan con seguridad y consistencia, y que dudan acerca de casi todo lo relacionado con el cuidado y educación de sus hijos. Esto se convierte en una fuente de angustia y miedos, que terminan por transmitir al pequeño. Es fácil que sus hijos sean indecisos, temerosos, o que tengan problemas para relacionarse con otros niños.

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La culposa: Te tomaste tres meses de licencia por maternidad, pero hubieses querido que fuera más tiempo… Y ahora te sentís horrible. Tus horarios son muy exigentes y lo que vivís con culpa. Esto te lleva a bajarte todas las golosinas, o a pelearte con la maestra porque no leyó la notita que le mandaste en el cuaderno. Siempre justificás a tu hijo y te echás toda la carga de la ausencia. Para sentirte más cerca de tus hijos ponés sus fotos en tu oficina, en la compu y en el celular. Reflexión:¿Hasta cuándo vas a seguir con la insatisfacción constante? Vamos, todas sentimos algo de culpa… casi que está en nuestro genes. No sos mala, trabajás mucho, ¿ok?

La Autoritaria : tiende a ser inflexible con las peticiones de sus hijos y ejerce un alto nivel de control, sin dar demasiado pie al diálogo en la resolución de los conflictos. Muy a menudo impone sus deseos sobre los del pequeño sin importarle su estado de ánimo, ni la actividad que esté llevando a cabo en ese momento. Le cuesta mucho ceder a las peticiones, sobre todo cuando éstas implican “saltarse” las normas. Es muy perfeccionista. Considera que la disciplina es unos de los pilares básicos de la educación del niño. Y no le falta razón. Sin embargo, una disciplina mal entendida, puede causar sufrimiento y traer problemas de conducta en la edad adulta. Hoy se sabe que los hijos que han vivido sometidos permanentemente a esquemas tan rígidos, acumulan grandes dosis de agresividad y frustración que, con frecuencia, descargan años después con personas o situaciones que poco o nada tuvieron que ver con sus problemas. Afortunadamente, el perfil de progenitor autoritario y despótico, es cada vez menos frecuente y ha dado paso a una autoridad más positiva, constructiva y responsable en la que no faltan las normas, pero tampoco el diálogo.

La Democrática: es lo más cercano a la madre ideal, la que debemos tener todas en mente para acercarnos a su forma de ser. Lo suyo no es imponer sino negociar, ya que cuenta con grandes dosis de paciencia y diplomacia. Se trata de madres que responden a las demandas y preguntas de sus hijos con atención e interés, reconociendo y respetando su independencia. Les gusta explicar siempre las razones de las normas que establecen y procuran que éstas sean claras, coherentes y adecuadas a las necesidades y posibilidades de los pequeños. En su casa, las decisiones se toman entre todos, en un clima de confianza, respeto y diálogo y se intenta promover los comportamientos positivos, más que inhibir los negativos. Con frecuencia, son madres seguras de sí mismas, que saben lo que quieren y así lo transmiten a sus hijos. Su único error es que, a menudo, no tiene en cuenta la edad del niño a la hora de ofrecerle responsabilidades y no se da cuenta de que tal vez éste sea demasiado pequeño para tomar ciertas decisiones. Si sabe encontrar el equilibrio en sus “negociaciones” y no pierde de vista que la última palabra es suya, sus hijos desarrollarán un gran sentido de la autonomía y con mucha probabilidad serán personas seguras, responsables, equilibradas y tolerantes en el futuro.

Por otra parte, hay diferentes clases de madres que pueden describirse en base a la percepción de las relaciones que los médicos y pediatras mantienen con ellas. Ninguna mamá se ajusta en un 100% a las características de cada “tipo” de madre, y puede reunir aspectos de algunos de ellos o de todos. Lo único seguro es que algo de ellas se tiene.

  • La insistente. Es una de esas que no se detiene ante nada. Quiere consultarlo ya y quiere que diagnostique a su nene ya. Ahora mismo. Y si no se puede, entonces dentro de cinco minutos va a llamar de nuevo. Le da el antitérmico y si no le baja la temperatura a los diez minutos, es capaz de reclamarle al pediatra la falta de efecto del medicamento. ¿No hay uno más poderoso?
  • La tímida. Al contrario del espécimen anterior, a esta madre el pediatra le tiene que sonsacar las dudas. Es que ella no se anima, tiene miedo de molestar, de hablar de más, de quedar como una tonta, o como una pesada, o como una “mala madre”, de que el nene se porte mal, de que la secretaria la odie por llamar a esa hora, de que el pediatra no la quiera atender y así. A veces prefiere llevarlo a la guardia antes que “molestar” al médico.
  • La cuestionadora. Nunca está convencida con lo que le dice el médico: cuestiona desde la necesidad de darle flúor al bebé hasta la dosis de antibiótico para una otitis. Sus frases se inician siempre con un “pero… ¿por qué…?”. Es de esas que preguntan “¿lo miró bien?”, al instante en que el médico retira la “linternita” del oído del nene, o “¿lo escuchó bien?”, en el mismo momento en que el pediatra necesita silencio porque está auscultando a su hijo.
  • La ocupadísima. Llama para contar que el nene tiene fiebre, mocos y tos, pero cuando el pediatra le pide que lleve al paciente al consultorio para revisarlo, ella no puede porque está en la calle, en el Centro, en una reunión, lejos de casa. Reclama diagnósticos telefónicos rápidos, cuando no lo hace por mensaje de texto o e-mail (“¿no me puede mandar la receta por fax o por e-mail?”, es capaz de pedir).
  • La sipediatrista. Es la contracara de la cuestionadora. Es aplicadísima. Sigue todas las instrucciones al pie de la letra. Llama al pediatra ante cada duda, así sean médicas, psicológicas o escolares. Puede preguntar igual cuántos mililitros de ibuprofeno tiene que darle al nene con fiebre, a qué hora es mejor que haga la tarea, o si las zapatillas Topper son mejores que las Reebok para hacer gimnasia.
  • La psicóloga. Su profesión las une en el oficio de ser, a la vez, condescendientes y sobreprotectoras, una combinación que, aplicada en hijos, resulta explosiva. El pediatra recibe niños con muy pocos límites, que creen que es normal, por ejemplo, desayunar diariamente helado con galletitas Oreo o que todos los nenes se van a dormir a la hora en que los vence el sueño después de pasarse cuatro horas mirando televisión.
  • La empalagosa. Es amorosa con sus hijos, amable con las secretarias y con el médico. Siempre lleva consigo algún presente para el médico y para sus asistentes y convence a sus hijos de que hagan lo propio, con lo cual, el pediatra ya acumula cientos de dibujitos y artesanías realizados obligadamente por los hijos de esa madre.
  • La primeriza. Lo que la caracteriza, básicamente, es su duda permanente y su fragilidad a la hora de escuchar comentarios ajenos. Su falta de experiencia en la maternidad y la necesidad imperiosa del universo de mostrar sus conocimientos sobre ella hacen que esta pobre madre absorba como una esponja las indicaciones, sugerencias y consejos brindados gratuitamente por el taxista, la tía Coca o el pediatra.
  • La abuela. Es una madre, sí, pero no del o de los pacientes, sino de la madre de ellos. Resulta que es una asidua concurrente al consultorio del pediatra, ya sea para acompañar a su hija y nietos o para reemplazarla en algún caso. La mayoría están muy seguras acerca de cómo deben ser las cosas y son capaces de debatir largo y tendido con el pediatra.
  • La hipocondríaca. Esta mamá tiene un problemita: encuentra enfermedades en sus hijos todos los días y muy pocas veces se da cuenta de que los chicos están saludables. Es capaz de mandar un mensaje que diga: “Tiene 36,8 en lugar de 36,6, ¿le doy antitérmico?”
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