Home » Actualidad » Madres e hijas vestidas iguales: nueva tendencia de las marcas de ropa

No es ninguna novedad que los chicos busquen vestirse como sus papás. Forma parte de su y la maduración implica imitar a los mayores. Lo que sí resulta curioso y significativo, es que las mismas marcas que visten a los adultos sean las que asumen el rol de facilitar -incluso estimular- esa imitación. Actualmente, muchos niños y niñas tienen la oportunidad de vestirse como sus padres. A veces, replicando cual espejismos sus looks, otras haciendo adaptaciones de estilo. En Argentina, marcas de indumentaria como Jazmín Chebar, Kosiuko, Wanama, Complot, Akiabara, Cher, y Paula Cahen d’ Anvers decidieron crear colecciones no sólo para las clientas adultas, sino también para sus hijas/os a sus clientas.

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Hubo épocas en que la moda definía todo. La actitud, los valores, las etapas. Las prendas expresaban no sólo estéticas, sino cosmovisiones y niveles de madurez. La diferencia se acentuaba al usar algo que los padres (o lo hijos) no entendieran, no quisieran, no lograran llevar. Eso es pasado. Para analizar por qué la estética de los chicos empezó a fundirse con la de los adultos, hay que comprender que hoy, aquello que marca los rasgos generacionales no está en la ropa ni en nada demasiado tangible, está en los dispositivos, las aplicaciones, los formatos y los modos de experimentar la realidad y la virtualidad.

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La tecnología es la nueva tierra que divide las aguas. Lo nuevo es abstracto, intangible, volátil, incapturable. Entonces ¿Qué importa si mi papá se viste igual que yo? ¿Qué importa si yo me visto igual que mi hijo? ¿Si tenemos los mismos tatuajes o piercings?. Lo generacional ya no se define tanto en el terreno de la moda sino por la tecnología y las prácticas que derivan de ella. Por eso la importancia, de la diferencia estética entre padres e hijos se suavizó tanto en todas las edades. La diferencia entre lo joven y lo viejo, lo adulto y lo infantil, está en otro lado.

Como consecuencia de este desplazamiento, surge un nuevo criterio. El “no importa la edad” viene a reflejar una mirada mucho más desprejuiciada. En un mundo en el que los hipsters resignifican prendas “de viejos” y en el “los viejos” son celebrados en su audacia y riesgo, no es de extrañar que a los padres les divierta esta combinatoria de igual vestimenta. Las relaciones de poder dejaron de ser tan verticales y la nueva horizontalidad, se refleja, en una complicidad estética entre generaciones. Lo que sucede es que dejamos de considerar a un niño bien vestido como a alguien “disfrazado” de adulto, a verlo como una especie de adulto chiquito, parecido a nosotros, se nos despiertan otras reacciones. Hoy una nena puede usar una campera de cuero como su mamá y es natural, canchero.

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Hasta hace pocas décadas atrás, era muy extraño encontrar a una madre que le preguntase a su hija/o qué ropa deseaba ponerse. La estética para niños estaba estandarizada a un par de prendas cuyo mayor valor era la practicidad, resistencia y libertad de movimiento. Por entonces, considerar la posibilidad de exaltar la individualidad de un niño, podría haber sido considerado excéntrico y tal vez, hasta imprudente. Hoy eso ya no está en discusión; se alienta y se festeja que los chicos expresen sus diferencias, incluso las más radicales (como en el caso de las identidades de género). Es producto de los mismos avances tecnológicos que ellos cuenten con la data necesaria para hacerlo. Hoy las nenas de entre 8 y 10 años no quieren todas lo mismo. Están diversificadas y tiene su personalidad. Tienen una claridad de criterio asombrosa.

Factores que determinan la incursión de las marcas en el mercado para niños

  • Los padres compran mucho y más para sus hijos. Son mucho más emocionales y culposos a la hora de gastar.
  • Los chicos crecen rápido y necesitan ropa más seguido que los adultos.
  • Los chicos rompen la ropa rápido y necesitan más que los adultos.
  • Los márgenes de ganancia son considerablemente mayores comparados con los de la ropa de adultos.
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