Home » Maternidad » Los amigos de nuestros hijos

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Todos sabemos que la familia no se elige y, si bien los vinculos de sangre pueden ser inquebrantables, muchas veces esto no sucede y uno hasta pueden terminar peleando con un hermano y no hablarle por meses, o años. Los amigos cumplen otro rol en nuestras vidas : es la familia que uno elige, y en muchas ocasiones, el vinculo que se establece es más fuerte y más sólido que el existente, por ejemplo, entre hermanos o primos.

Cuando llega el momento de tener un hijo y nuestro pequeño inicia sus primeros contactos sociales fuera del ámbito familiar, esos nuevos amigos también nos importan. Sea en forma directa o indirectamente, nos interesamos y buscamos que nuestros chicos se rodeen de «buenos amigos», que los hagan felices, con quienes disfruten experiencias de la vida, que se acompañen y apoyen mutuamente. De acuerdo con las distintas etapas de crecimiento, la amistad adquiere un grado de compromiso diferente y su impacto también es distinto. Los amigos son «de ellos» y no nuestros. Es así como, nuestra tarea como papás es la de formar a nuestros hijos. La educación que reciben en el seno familiar será luego la que vayan a demostrar en otros ámbitos : escuela, casas de amigos, clubes, salidas, campamentos, etc.

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La 1er etapa : El jardín de infantes

Para los chiquitos que no han asistido a un jardín maternal, el kindergarden suele ser el primer sitio de socialización fuera del hogar. Los papás, por su lado, también pueden tener la chance de observar cómo se desenvuelven los chicos en un ambiente nuevo, rodeados de pares que transitan por la misma situación y etapa de crecimiento. Muchos papás empiezan a no estar conformes con la actitud de algún compañerito y se alarman frente a alguna actitud que les disgusta, como el amiguito que dice muchas malas palabras, el que pega, el que muerde, el que revolea objetos, el que llora por todo, el que es agopista y no comparte, el que tiene caprichos, etc. No hay que enojarse, y tampoco buscar que nuestros hijos se alejen de esos compañeros. Nuestra labor como papás es acompañar a los hijos en esta primera experiencia y darles un espacio para dialogar acerca de su jornada en la escuela.

Por otra parte, mantener una buena relación con la maestra favorece el ida y vuelta de información entre lo que pasa en la escuela y en la casa. De esta manera, podemos aclarar nuestras dudas o inquietudes y quedarnos más tranquilos.También, es necesario tener un acercamiento a los otros papás para ir conociendo otras familias, la manera en que se expresan, cómo se manejan y/o actúan. En resúmen, el diálogo es la base.

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La 2da etapa: La escuela primaria

Es importante no transmitir nuestras propias frustraciones y experiencias de vida a nuestros hijos. Sí, por supuesto, guiralos y aconsejarlos, peor ellos deben transitar su propio camino, tal como (si es que nos dejaron) hemos hecho nosotros. Somos el espejo donde los niños se ven reflejados, y mucho de lo que hacemos, incluso esas reacciones o actos que nos parecen una pavada, son cuestiones que modelan la conducta del chico. Si ellos nos ven bien en las reuniones de amigos y observan que podemos vincularnos con gente diferente dentro de un marco de respeto y amabilidad, probablemente esto mismo es lo que ellos llevarán a cabo en la escuela y logren, de esta manera, una convivencia positiva y saludable.

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Como la elección de los amigos no está bajo el control de los padres, es necesario que sean los hijos los que aprendan a diferenciar los que son buenas influencias de las que no. No hay que criticar a sus amigos o expresar que no nos gustan porque estamos subestimando su capacidad de respuesta y comprensión. Lo correcto es incentivarlo y motivarlo en las actitudes positivas que tengan sus amigos. Cuando los amigos lo inviten a un cumpleaños, a jugar a su casa, a una pijamada, a quedarse a dormir, se les puede transmitir que esas son las actitudes que tienen los buenos amigos. También, es positivo luego preguntarle qué tal le ha ido, cómo la pasó. Abrir siempre la posibilidad de que el niño converse acerca de sus compañeros y nos dé su puntos de vista. Involucrarse como papás y mostrar interés, no quiere decir entrometerse.

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No hay que olvidarse que, es en el colegio en donde nuestro hijo pasa la mayor parte del día (ni hablar si van a doble jornada), y el grupo suele potenciar los aspectos positivos y los negativos de cada miembro. Facilita la emergencia de los afectos más primitivos, promueve los enfrentamientos, todo esto acompañado de un notable desarrollo de la motricidad. No culpar a los amigos, es una buena actitud, pero también lo es brindarles consejos y ayudarlos a comprender que reunirse con los que pegan a los más débiles, o a los que someten a bullying a un compañero, es provocarles un sufrimiento innecesario. Hablar de valores positivos ejercerá un cambio positivo en su conducta.

La 3era etapa: La Secundaria y la adolescencia

Esta etapa suele ser la más conflictiva, y la que a los padres les trae dolores de cabeza, pero si las etapas anteriores pudieron transitarse con éxito, ésta no tendrá mayores sobresaltos. Los límites juegan un rol importante. El adolescente busca transgredirlos. Como padres, pasaremos de ser «el modelo» a seguir a «que viejos insoportables». Durante la secundaria los chicos prefieren pasar más tiempo con sus amigos que en la casa. Los adolescentes tienen la urgente necesidad de formar un grupo de pertenencia y el grupo tiene una influencia absoluta, sus acciones y palabras son conductas a seguir. El adolescente puede aceptar cualquier propuesta de su grupo para evitar no ser aceptado. Existe una sutil diferencia entre mostrar interés por los amigos de tu hijo y entrometerse continuamente en su espacio. Dialogar no es lo mismo que indagar. Lo ideal es encontrar el equilibrio: mostrarse interesado por las amistades pero sin juzgar ni criticarlos. Por otra parte, cuanto más intentemos alejar a nuestro hijo adolescente de los amigos, más intentará acercarse. Esto sucede, justamente porque en esta etapa hay una lucha de sentimientos encontrados que lo hacen rebelarse y alejarse de lo que lo une a la familia. El adolescente quiere independizarse, siente que no es comprendido por la familia, que en los amigos encuentra su lugar en el mundo. Criticar a los amigos hace que el adolescente se ponga a la defensiva, generando una situación tensa y un clima sumamente negativo.

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Límites y paciencia, estar presentes y atentos, involucrarse sin invadir, aconsejarlos pero darles espacio y, que se equivoquen. Los padres deben confiar en lo que transmitieron y buscar ayuda profesional cuando tienen dudas que no pueden resolver. Cuando las relaciones ya son tóxicas y graves (como el uso de drogas por ejemplo) se necesita más que una charla abierta y firme con nuestros hijos. En estos casos es saludable pedir ayuda psicológica para que nos brinde las herramientas para lidiar mejor con cada situación en particular.

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