Home » Educación » ¡Llegó el hermanito!

Es inevitable que, cualquier cambio que suceda en la dinámica familiar afecte a los chicos. Las mudanzas, las separaciones, la muerte de algún familiar, cambio de escuela, etc. siempre generan un cambio en la conducta y en la sensibilidad de los integrantes más pequeños de la familia. Estas cuestiones afectan a los adultos, asique es imposible imaginar que no les afecte a los niños, que son, por sobre todo, muy perceptivos de su entorno y al cual se aferran porque les brinda seguridad. La diferencia se da en que los adultos tenemos (al menos la mayoría), la madurez suficiente como para afrontar diferentes situaciones, pero lo chicos no saben cómo expresarse, sobre todo los más pequeños, y entonces recurren a distintas “acciones” y tienen cambios de conducta.

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La llegada de un hermano/a  revoluciona el hogar, y más que nada, revoluciona el mundo interior del nene/a. No hay nada más habitual que los celos y la envidia entre hermanos. Y, es lógico que empiece a mostrar sus celos desde el momento en que su mamá está embarazada. Al principio, es porque no sabe bien lo que sucede y es algo desconocido para él, no sabe cómo será su hermano/a y eso, además, le genera ansiedad. Una vez que el bebé hermano/a nace, ahi entrará en juego cierta “competencia2 para con el recién llegado por el amor de sus papás , seguirá celoso y buscará llamar la atención de los adultos de diversas maneras. No es fácil, nuestro primogénito/a estaba acostumbrado e recibir el afecto y la atención absoluta y, de pronto se encuentra con que debe aprender a compartir su tiempo y ese afecto con su recién llegado hermano/a. Poder lograr este aprendizaje requiere de mucha paciencia y contención por parte de los adultos.La frecuente frase : “Pero, tendrías que estar contento, vas a tener (o ya tenés) un hermanito para jugar “, nunca es efectiva. Al principio, el pequeño sólo cree que el nuevo integrante llegó para desplazarlo y que tendrá que competir por el afecto de sus papás. El “te queremos igual que siempre, la llegada de tu hermano no cambia lo que sentimos por vos”, tampoco sirve. Cualquier frase dicha resulta efectiva cuando se trata de calmar la angustia por el trono perdido. De repente, los besos y abrazos que solía darle a su mamá se transforman en mordiscones, rasguños, agresiones. Es que, todo vale para llamar la atención, incluso hasta caerse y lastimarse.

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Hay que ser capaces de comprender que, a pesar de todo esto, los celos son una manifestación de afecto. Lo que muchas veces es preocupante para los papás son ciertos retrocesos que se llegan a dar en el hermano mayor : hacerse pis en la cama, volver a querer usar mamadera y chupete, hablar como un bebé. Entonces, la estrategia utilizada es consentir todo el tiempo hijo mayor, pero la realidad es que, al hacerlo, lo único que se logra es dificultar aún mas la integración del nuevo bebé. Y, hasta puede pasar que el mayor se tranquilice mientras el hermanito es recién nacido y duerme la mayor parte del tiempo pero, a medida que el chiquito vaya creciendo y tenga mayor protagonismo, volverán los celos, con fuerza.

Una de las maneras de poder manejar esta situación es evitar las odiosas comparaciones y sí, en cambio, sacar a relucir las cualidades de cada uno.Es interesante poder mantener una comunicación fluida con el hijo mayor y mostrarle las grandes ventajas que tiene por ser el más grande como andar en triciclo,saber dibujar, jugar al football, tener amigos, ir a cumpleaños, etc. Cuando la diferencia de edades es pequeña, la situación se complica. Un bebé recién nacido y otro de 1 año requieren mucha atención y el mayor no está en condiciones de comprender lo que ha pasado.

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Los celos y cierta envidia entre hermanos son inevitables y nos obligan a hacer frente a muchas dificultades. Pero, con el tiempo, el hogar vuelve a normalizarse y los celos y la envidia tienden a ceder para dar espacio a a la alegría de contar con un nuevo/a compañero/a de juegos. Y, si bien siempre existirá cierta competencia, rivalidad y envidia entre hermanos, estos sentimientos son sanos en cierta medida y si no llegan a los extremos, lógicamente. El vinculo que se genera termina por enriquecer a la familia entera y sobre todo, a nuestros hijos como personas ya que tendrán la suerte de vivenciar el verdadero significado de la hermandad, serán capaces de compartir, ser menos egoístas, más compañeros y mucho menos egocéntricos, que aquellos niños que no han tenido la suerte de contar con hermanos y son hijos únicos.

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