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La OMS ha advertido ya muchísimas veces y desde hace ya varios años sobre la alta prevalecencia de la obesidad infantil a lo largo y ancho del mundo. De hecho, ha sido catalagado como uno de los principales problemas de salud pública del corriente siglo. La obesidad infantil se trata de una acumulación de grasa excesiva en el cuerpo, es decir que el niño pesa mucho más del peso considerado saludable para su edad y altura. El IMC (Índice de Masa Corporal) es un indicativo mundialmente aceptado para evaluar si un niño tiene sobrepeso u obesidad. Más allá de un cuestión meramente estética, la acumulación de grasa puede provocarle a los niños enfermedades que se consideraban «sólo de adultos» en el pasado.

Enfermedades relacionadas con la obesidad infantil

  • Colesterol elevado: la acumulación de placa en las arterias puede llevar a un estrechamiento de las mismas. La mayor complicación de esta situación es que, si las arterias se tapasen, podría producirse un ataque cardíaco e incluso, un accidente cerebrovascular.
  • Presión arterial alta: diversas investigaciones han concluido que el exceso de peso aumenta la presión arterial, pudiendo causar hipertensión en niños. Este incremento de la tensión podría derivar en problemas cardiovasculares a largo plazo, motivo por el cual se suele recomendar una dieta saludable y equilibrada para bajar de peso, así como un plan de ejercicios.
  • Asma: algunas investigaciones señalan que los procesos inflamatorios producidos por la obesidad podrían desencadenar los síntomas del asma al perturbar las vías aéreas de los niños.
  • Hígado graso no alcohólico: es una enfermedad donde la grasa se acumula lentamente en el hígado al este no poder procesarla de manera adecuada. El riesgo principal es que se pueden producir daños en las células hepáticas.
  • Síndrome metabólico: este síndrome engloba diferentes problemáticas de salud que afectan el cuerpo de manera holística. Los niños que lo padecen evidencian hipertensión, colesterol bueno bajo, triglicéridos altos e incluso, intolerancia a la glucosa. Los niños con obesidad infantil pueden desarrollar las enfermedades que se agrupan en el síndrome metabólico. Si no se controla, puede afectar su calidad de vida. Merece la pena aclarar que la intolerancia puede derivar con el tiempo en diabetes de tipo 2.
  • Diabetes tipo 2: los niños  con obesidad tienen alto riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, un trastorno que se caracteriza por un aumento considerable de los niveles de glucosa en sangre. Es una clase de diabetes que se adquiere, es decir que no es congénita. Cada vez que comemos alimentos, el páncreas libera insulina para separar la glucosa de los azúcares ingeridos y permitir así la nutrición de las células. El problema se produce cuando el exceso de alimento exige un trabajo extra del páncreas. Con el tiempo, puede suceder que las células productoras de insulina mueran y se desarrolle entonces la diabetes de tipo 2. Según datos de un estudio publicado en 2017, existiría una clara relación entre la obesidad y la incidencia de diabetes de tipo 2 en niños.
  • Problemas de autoestima y depresión: los niños pueden ser crueles: los hechos de bullying que aparecen en los periódicos cada semana son prueba de ello. Un niño obeso puede ser víctima de toda clase de burlas que afecten su autoestima y, en el peor de los casos, generen una grave depresión infantil.
  • Trastornos de alimentación: el sobrepeso y la obesidad infantil pueden generar baja autoestima, como ya hemos visto, y empujar al niño hacia la anorexia o la bulimia en un intento desesperado por bajar de peso.
  • Apnea de sueño: esta problemática, así como el patrón de sueño agitado son otras dos posibles complicaciones del sobrepeso excesivo.
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